Una inesperada visita al Louvre

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Una inesperada visita al Louvre

El Louvre le reserva muchas sorpresas. Siga a Serge Legat, guía de museos nacionales de Francia, en un recorrido insólito por las salas menos frecuentadas del monumento.

En París, hay sitios a los que ni siquiera suelen ir sus habitantes. En lo más alto del ala Richelieu del Louvre, una discreta obra le llama la atención. Un cuerpo de mujer, una negrura envolvente y misteriosa, cierta ternura… la sensualidad se une a la tristeza. Está ante Betsabé con la carta de David, de Rembrandt. Los visitantes pasan por delante del lienzo sin verlo. Es poco conocido pero, sin embargo, expresa todo el talento del maestro holandés. La mirada subraya el dilema de Betsabé, personaje bíblico del Segundo Libro de Samuel, del Antiguo Testamento, cortejada por el rey a pesar de estar casada. La psicología del personaje se revela en el cuadro como pocas veces en la obra de Rembrandt.

Luego penetra en los suntuosos aposentos Napoleón III. No sabía que el Louvre escondiera esa decoración tan impresionante. Vale la pena verlo. El emperador convirtió esa sucesión de salones en un tesoro oculto, un testamento político con el que dejar su huella en el Louvre. La decoración de pan de oro deslumbra al visitante, subyugado por los enormes cortinajes de color púrpura, mientras que los «indiscretos», unos curiosos sofás formados por tres butacas, invitan a las confidencias. El boato y lo íntimo entrechocan con elegancia.

Desciende de nuevo y sus pasos le llevan hasta la sala de las antigüedades orientales. No se deje engañar por la apariencia sobria de la vestimenta de Gudea. Ese príncipe del reino de Lagash, en Mesopotamia, dejó una huella indeleble entre sus contemporáneos del tercer milenio antes de nuestra era, sobre todo haciendo construir y restaurar templos. A su alrededor, casi una decena de representaciones de Gudea hechas con diorita le sumen en el juego de los espejos con la historia antigua.

Muy cerca, pasa por delante del patio Marly, pero es otro lugar, menos conocido, más solitario, el que le atrae. En el patio Puget se despliegan decenas de estatuas de siglos pasados bajo un espectacular techo acristalado. La mirada de Madame de Pompadour, la amante del rey Luis XV, le intriga. Con los rasgos de la Amistad, la gran señora de las Luces tiene un aspecto muy sencillo, lejos de la ostentación de Versalles. Tiene los brazos desnudos y lleva un vestido rudimentario. Al observar su mano en el pecho, casi oye los latidos de su corazón. Descubra esta otra faceta tan asombrosa del Louvre.

Museo del Louvre
Rue de Rivoli
75001 París
Francia
+33(0)1 40 20 50 50
www.louvre.fr/